Luis Carlos López

 

EN TONO MENOR

¡Qué tristeza más grande, qué tristeza infinita
de pensar muchas cosas!... ¡De pensar, de pensar!
de pensar, por ejemplo, que hoy tal vez, Teresita
Alcalá, tu recuerdo, me recuerda otra edad...
Yo era niño, muy niño... Tú llegabas, viejita,
cucaracha de iglesia, por la noche a mi hogar.
Te hacía burlas... Y siempre mi mamá, muy bonita
y muy dulce, te daba más de un cacho de pan...
Tú eras medio chiflada... Yo pasé buenos ratos
destrozando en tu casa, cueva absurda de gatos,
cachivaches y chismes... ¡Oh, qué mala maldad!
Pero ya te moriste... Desde ha tiempo te lloro,
y al llorarte, mis años infantiles añoro,
¡Teresita Alcalá, Teresita Alcalá!

 

MEDIO AMBIENTE

—"Papá, ¿quién es el rey?
—Cállate, niño, que me comprometes".
SWIFT

 

Mi buen amigo el noble Juan de Dios, compañero
de mis alegres años de juventud, ayer
no más era un artista genial, aventurero...
—Hoy vive en un poblacho con hijos y mujer.
… Y es hoy panzudo y calvo. Se quita ya el sombrero
delante de un don Sabas, de un don Lucas... ¿Qué hacer?
La cuestión es asunto de catre y de puchero
sin empeñar la "Singer" que ayuda a mal comer...
Quimeras moceriles —mitad sueño y locura;
quimeras y quimeras de anhelos infinitos,
y que hoy —como las piedras tiradas en el mar—
se han ido a pique oyendo las pláticas del cura,
junto con la consorte, la suegra y los niñitos...
¡Qué diablo!... Si estas cosas dan ganas de llorar

 

 

MUCHACHAS SOLTERONAS

"Susana, ven: tu amor
quiero gozar".
(LEHAR: Opereta
La Casta Susana).
Muchachas solteronas de provincia,
que los años hilvanan
leyendo folletines
y atisbando en balcones y ventanas...
Muchachas de provincia,
las de aguja y dedal, que no hacen nada,
sino tomar de noche
café con leche y dulce de papaya...
Muchachas de provincia,
que salen —si es que salen de la casa—
muy temprano a la iglesia,
con un andar doméstico de gansas.
Muchachas de provincia,
papandujas, etcétera, que cantan
melancólicamente
de sol a sol: —"Susana, ven"... "Susana"...
¡Pobres muchachas!, pobres
muchachas tan inútiles y castas,
que hacen decir al Diablo,
con los brazos en cruz: —!Pobres muchachas!...
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